Alimentación 5.0

[...] A los alimentos procesados se les aplica técnicas que buscan alargar la vida útil de los mismos, sin comprometer la seguridad alimentaria, entendida como garantía de la inocuidad de los alimentos.
[...] La comida ultraprocesada son productos industriales elaborados con ingredientes refinados y aditivos (colorantes, conservantes, emulsionantes, azúcares añadidos, grasas no saludables) que sufren procesos industriales intensivos, resultando un alimento poco nutritivo, muy rentable, duraderos y listos para consumir, como refrescos, bollería, snacks de bolsa, embutidos y comidas preparadas, y su consumo excesivo se asocia con enfermedades crónicas como obesidad, diabetes y problemas cardiovasculares.
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Lo mismo que ha ocurrido en el mundo con las grandes recesiones económicas mundiales (Gran Depresión, década de los 30; Crisis del petróleo, década de los 70; Gran Recesión del 2008-2009; y Recesión por el COVID-19, en el 2020), ocurre con la calidad de los alimentos que consumimos, según crece de manera desorbitada la población mundial.
¿Por qué desorbitada?.
Porque no se crece en función de las posibilidades "naturales" que la Vida nos proporciona y que ella misma regula, sino que se hace de manera caprichosa, en tanto en cuanto, la ciencia y la tecnología lo hacen posible.
[El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra (Earth Overshoot Day), se acerca cada vez más, necesitando hoy casi 1.8 planetas para sostener el consumo actual y en 2023 se agotaron en unos 7 meses. Para 2025, la fecha fue el 24 de julio, lo que significa que los últimos cinco meses del año se viven "en números rojos", consumiendo más de lo que la Tierra puede regenerar].
Si el planeta puede ser sostenible con 2.000 millones de habitantes, y siendo que actualmente la población es de 8.300 millones, significa que lo que comemos no puede ser natural de ninguna manera.
En los años 60, la población mundial era de 3.000 millones de personas, con lo que ya se pasaba hambre (de eso siempre ha existido).
Esto impulsó la creación de macrogranjas y la fabricación de productos que aceleraran el proceso de crecimiento de todo alimento (animales, verduras, frutas, tubérculos...) y de semillas, haciéndolas además, resistentes a diferentes plagas.
Las macrogranjas comenzaron en Estados Unidos en los años 50 y 60, y en España se instalaron en los 70.
Eso sirvió hasta los años 90, que la población ya superaba la cota de los 5.000 millones.
Comenzando el siglo XXI, la población mundial ya alcanzaba los 6.000 millones de habitantes, y la comida procesada y ultraprocesada ya es algo cotidiano.
La población sigue creciendo, con lo que hay que seguir innovando para poder alimentar a tantas bocas, y de ahí las granjas y macrogranjas de insectos, que son parte integral de la comida envasada o de la alimentación de los animales que después consumimos.
Y siempre vamos a lo mismo: el rico, el que tiene millones en su cuenta bancaria, será el que se pueda permitir la cría de animales, vegetales y todo lo que esté a su alcance. El resto de la población se tendrá que contentar con lo que se puedan pagar.
En el futuro, la alimentación ya será directamente nutrientes en forma de barra energética y pastillas. Y para los que añoran un plato de comida y trinchar un filete o cortar un tomate, siempre le saldrá mucho más caro, sin que, en realidad, ese formato sea más saludable que lo demás.
Si unimos a escala mundial la economía, la población, la alimentación y la robótica, nos podemos hacer la idea perfecta de cómo va a ser la vida y para qué vamos a servir.
Un brindis por el 2026 y por los que quedan por venir, que seguro que no van a ser aburridos.
Y así mismo, otro brindis por esta humanidad tan llena de convicciones que no da lugar a la prudencia y el sentido común.
Imagen de ecoyou (Px)
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