Bienaventuranzas y Razón

Cumplir bienaventuranzas

Bienaventuranzas y su impacto en la sociedad

[...] Durante la Misa celebrada en la Casa Santa Marta en mayo de 2018, el Papa Francisco lamentó que se identifique con comunistas a los que predican la "pobreza", ya que "la pobreza está en el centro del Evangelio".

En su homilía, exhortó a "tomar distancia de las riquezas, porque Dios las ofreció para dárselas a los otros". El Pontífice advirtió contra las riquezas "podridas" y recordó las palabras de Jesús: "¡Ay de ustedes, ricos!"
.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

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Comencemos por lo que indica el Papa Francisco, y que me hace pensar que ni desde la Iglesia se es capaz de "ver", muchas veces, de manera correcta la Palabra.

"¡Ay de ustedes, los ricos!", es una advertencia de Jesús en el Evangelio de Lucas (6:24-26) que señala la aflicción venidera para quienes basan su seguridad en la riqueza, el placer y la saciedad material, ya que han recibido su consuelo ahora y pasarán hambre, dolor y tristeza en el futuro.

Casi diría que se interpreta como una amenaza, y no entiendo como podemos hacer tal interpretación, cuando "sabemos que Dios es Amor". 

Por olvidar esto, es que creo que malinterpretamos la Palabra, poniendo el acento desde la advertencia, y no desde la humildad y el amor: "que sí que es Dios".

Siendo realistas, y ya que vemos el mundo y sentimos en términos económicos, podemos decir que "ni se es malo por ser rico, ni bueno por ser pobre" por el simple hecho de serlo.
Lo cierto es que de todo hay. Pero, sí que es cierto, que desde la acumulación de riqueza es más fácil caer en el materialismo y significado y meta social a alcanzar. 
Esto nos aleja de una actitud humilde, íntegra, ética, bondadosa, saludable y sana. Y es ahí donde debería residir nuestra interpretación de la Palabra, y por ende, de las Bienaventuranzas. 

Yendo a las Bienaventuranzas en sí, si las entendemos desde ese ángulo, el conflicto que para muchos se crea en la sociedad, dejaría de existir. 

Todas ellas se pueden entender sin mayor problema, pero es justo la primera, "Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos", la que despierta mayor divergencia. 

Y es que pensamos en términos económicos y materiales, y por esto mismo, es que se decidió cambiar hasta el Padrenuestro, cambiando "deudas" por "ofensas", entre otras cosas. 

Aquí dice: "Bienaventurados los pobres ...en el espíritu...". No se queda en "los pobres". Y aunque así lo fuera, se sobreentiende que se refiere a una pobreza de maldad, en cualquiera de sus formas. Porque la Palabra no habla desde una mirada económica, sino espiritual. 

Ser "pobres en el espíritu", es tener un espíritu pobre en las virtudes que Dios propone como las que nos harán plenamente felices, queriendo entender y aprender, con la gracia de Dios, a subir en esos peldaños que nos hacen mejores personas y seres humanos. 

Ser pobres en el espíritu de Dios, significa estar en el peldaño más bajo del Bien, y haber dejado atrás la maldad. Es estar abiertos, exclusivamente, al Bien. 

Dejemos de mirar y entender la Vida desde un sentir económico. Nada de eso nos servirá para después, y que, por tanto, tampoco nos sirve para ahora que estamos en este mundo. 

Jesús dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios» (Mateo 22:21). 

Se puede construir una sociedad donde el dinero sea necesario, pero donde la meta a alcanzar y a transmitir, sea el bien común, el orden y el amor fraterno. 
Tomemos ese concepto y no lo perdamos de vista. El futuro depende de ello. 


Imagen de ha11ok (Px)

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